lunes, 19 de abril de 2010

Venezuela, 200 Años Después

El de hoy es un dia muy especial para el recuerdo, pero no de ese que solo sirve para lo malo o la nostalgia. Al fin, hemos llegado a la celebración de 200 años de una independencia inicialmente teñida de cierta sumisión a un monarca espurio e incapaz de defender lo suyo como Fernando VII, antecesor borbónico de la actual vergüenza española. Entre muchos méritos del actual Gobierno, está el hecho de haber hecho una revisión necesaria de la Historia Nuestra. Los esfuerzos anteriores a los del Precursor y Generalísimo Sebastián Francisco de Miranda, audaz viajero y luchador por la libertad han sido "visibilizados" por usar un término en boga. Se reinvidica el papel de Manuel Gual y José María España y del no menos audaz, José Leonardo Chirinos, independientemente de su grupo étnico por sus esfuerzos preucursores. Se ha hecho énfasis en el papel que las mujeres desempeñaron en las gestas de la Independencia, sin limitarse al papel no menos heroíco de Luisa Cáceres de Arismendi. Se han presentado, con sus fallas y sus glorias los caracteres de quienes nos dieron independencia y libertad, quienes no siempre estuvieron de acuerdo con el pensamiento del hombre audaz, enjuto, de voz aguda "como de ave de rapiña", de lenguaje "grueso", mirar salvaje, enamoradizo, "masón concupiscente", pero sobre todo visionario, que moriría en cama ajena, desterrado, desencantado, enfermo moral y físicamente, en la pobreza y sin el consuelo de la gratitud de los pueblos, como Nuestro General de Pueblos Libres, Simón Bolívar.

Las del sol y sereno, las de muertes y destrucción que hubo, las de deudas a las que aborrecía más el Libertador antes que a los españoles, para que fueramos libres e independientes son cosas muy sabidas por todas y todos. Y todo se inicia, con la formalidad de la historia escolar, un Jueves Santo de hace 200 años, entre un grupo de señores divorciados de los sectores populares, provenientes de la sociedad colonial y demasiado apegados a la idea de que sin Monarquía nada era posible y otro grupo, que hablaba de liberar a la Patria Grande pero con una Junta de Gobierno también vinculada a las viejas estructuras. Se conformaba así el primer Golpe de Estado que mandaría a Juan Vicente Emparan de vuelta a España, sin poder representar a ninguna corona.

No sería sino después, con la dirección inicial de Miranda y luego de Bolívar y el concurso del pueblo llano, ausente al principio, y con una pléyade de gente de valía, aunque no siempre clara en sus ideas, que se concretaría la idea de la libertad para traicionar después la idea original. Tendría que llegar el momento del General de tierras y hombres libres, como Ezequiel Zamora para que se volviera al ideal bolivariano de la libertad, pues la idea de la integración había sido destruída en beneficio de los "amos del valle", del Naciente Imperio Equívoco y sus peones. Tendría que llegar un hombre que, aunque dictador, reclamó la dignidad pisoteada "por la planta insolente". Era Cipriano Castro Ruiz, quien fuera "sacado de juego" aprovechándose de sus enfermedades, pues no le interesaba al capital depredador, por su propio compadre de ingrata recordación.

Después de la oscuridad del entregismo gomecista y el paso fugaz, pero lleno de atrabiliarismo de Eleazar López Contreras, surgió una nueva esperanza popular en otro hombre que, por cosas de la historia y del destino, provenía de la miasma gomecista: el General Isaías Medina Angarita, derrocado por un movimiento recién nacido de una derecha fascista, disfrazada de pueblo, quien dejara inconclusa la labor de introducir las costumbres democráticas en una Venezuela, mil veces engañada y exprimida. Dió paso su Gobierno benevolente a una sucesión de gente infame, traidora, supuestamente progresista y supuestamente demócrata, pero tan entregada como el que más a los desiginios del Imperio Equívoco.

Y no es sino con la Revolución Bolivariana, que no está exenta de los defectos y de las desviaciones, como está llena también llena de virtudes, que se retoma el ideal de la integración aunque bajo la idea de la cooperación y con la incorporación progresiva de los gobiernos que representan al Progreso sin Dependencia. Y más importante, con la inclusión del elemento popular, ignorado al principio de la Gran Lucha y luego incorporado y, como dice el Compañero y Presidente Comandante Hugo Chávez Frías "dignificado", sin que el entrecomillado signifique ironía.

Así llegamos a estos 200 primeros años de vida republicana, con otras independencias que se libran, ya no en el campo de las batallas, sino en la labor diaría de enseñar a leer, de divulgar el conocimiento científico, en el taller industrial, salvando vidas, haciendo leyes justas. Es una independencia que costará aún más tiempo que la otra lograr, porque nunca falta quien siga considerando que otro país es "Nuestra Madre Patria", cuando hace mucho que sabemos que esa Madre Patria es donde uno nació. Nunca falta quien añore las dependencias monetarias y tecnológicas, creyendo que de nada somos capaces. Nunca falta quien sabotee los logros desde adentro del Proceso Revolucionario o desde afuera, porque no falta un Imperio como aquel que combatió Mi General Bolívar con su pluma y su pensamiento, que está "celoso" de la Independencia, como si fuese pecado aspirar a ello. Nunca falta quien piense que aunque estemos dentro de un proceso de Revolución vale la pena aprovecharse de él o seguirse comportando como siempre, derrochando recursos, destruyendo bosques y parques nacionales, maltrando al ciudadano, en fin conspirando contra el Bien General.

No importa, pues como dijera el Presidente Mártir Chileno, Don Salvador Allende Gossens, más temprano que tarde, en lugar de "pisar las calles nuevamente" como dice aquella canción, se abrirán, ojalá que para siempre, para que las atravesemos todas y todos, las Grandes Avenidas de la Libertad y la Independencia reales. Y por eso, valdrá la pena luchar siempre, aunque parezca que la lucha nada vale. El cuento es no dejarse arrastrar por el pesimismo y el conformismo, que vaya como monopolizan la conciencia. Vale la pena.

¡Feliz Cumpleaños Venezuela, CARAJO!.

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